domingo, 10 de febrero de 2013

I don't wanna miss a thing.

Me va mucho enamorarme de sonrisas, y lo hago con mucha facilidad. Ese es mi problema. Llega un punto, un punto sin retorno, en el que para mí, sus sonrisas cobran mucho más significado. Después de tantas sonrisas, aparece una que me dice que algo ha cambiado, algo en la parte izquierda de mi pecho late más y más deprisa cuando sonríe. Un punto en el que empiezo a preocuparme. Cada sonrisa suya significa una mía. Entonces es cuando entra el miedo. Y ahí ya la hemos jodido. Mi cabeza y mi corazón entran en una batalla que nunca termina entre lo coherente y los sentimientos. Mis labios se mueren de ganas por morder una de sus sonrisas pero mi cabeza se muere de miedo por si él no siente lo mismo, por si llego a perderlo. Pero, de repente, aparecen frases, gestos, que me hacen creer que los dos estamos en la misma situación pero ninguno dice nada. Y, cuando  todo parece estar claro, algo se tuerce. Algo me hace pensar que quizás me estoy equivocando y que debería dejar las ilusiones aparte, que solo hacen daño. Y aunque sé que a veces el miedo a perder nos hace perder mucho más, sigo siendo de esas cobardes que no arriesgan. Por mucho que lo quiera. Precisamente porque lo quiero. 
I don't wanna miss a smile.

miércoles, 30 de enero de 2013

Si sabes contar, cuenta conmigo.

Cuando la vida te pese, cuando ya no te queden fuerzas, cuando creas que solo llueve dolor. Cuenta conmigo. Cuando todo sea de un gris muy feo y la niebla sea tan espesa que no te deje ver que sigue habiendo cosas que valen la pena, cuenta conmigo. Cuando el dolor sea la única sensación que abraza a tu corazón, cuando te sientas perdida, desubicada. Cuenta conmigo. Cuando lo único que salen de ti son lágrimas, cuando no tengas palabras y notes un nudo en la garganta, cuenta conmigo. Cuando el mundo te pese a las espaldas y tus pies estén cansados de caminar sin saber a dónde ir, cuenta conmigo. Cuando no recuerdes lo que es el calor de un abrazo ni la suavidad de una caricia, cuenta conmigo. Cuando para ti anochezca siendo de día y se te nublen todas las sonrisas, cuenta conmigo. Cuando las luces de tu vida se hayan fundido y camines a ciegas, cuenta conmigo. Cuando necesites oír una voz al otro lado del teléfono solo para sentir que alguien te escucha, cuenta conmigo. Cuando necesites alguien con quien llorar o con quien reír, cuenta conmigo.

Que hoy voy a poner el mundo a tus pies.

domingo, 13 de enero de 2013

Me abandona la ilusión, me tropiezo y me caigo.

Tener miedo de las ilusiones, que "son espejismos que hacen que te vea como quiero yo, y la realidad no es así". Querer ser dura como una piedra y más fría que el hielo y acabar siendo de plastilina. Creer que ser fuerte es no echar de menos y, no darme cuenta de que ser fuerte es echar de menos con una sonrisa en vez de con los ojos inundados de recuerdos. Pensar que, callar lo que siento, es la mejor opción. Para ti. Para mí. Para todos. Necesitar constantemente bañarme en abrazos. Seguir en la misma página, cuando tú pusiste punto y final a nuestro capítulo hace ya tiempo. Darme cuenta de que, "el tiempo no cura nada, el tiempo no es un doctor." Ignorar que "busco tu mirada entre los ojos de la gente." Hacerme creer que ya no existen esos escalofríos que siempre acompañaban a tu nombre. Inventarme mil situaciones que jamás van a ocurrir. Soñar mil besos que nunca voy a dar. Crear mil conversaciones que nunca vamos a tener. Y, pagar más caros los sentimientos cuando los hago callar.
 

jueves, 10 de enero de 2013

Sus locuras ganando batallas.

Entonces se dio cuenta. Se dio cuenta de que para levantarte primero tienes que caer. Que para sonreír antes tienes que estar serio. Que para soñar antes hay que dormir. Que para saltar primero hay que coger impulso. Que para hablar hace falta escuchar. Que para crecer tienes que ser pequeño. Que para leer hace falta escribir. Que antes de correr, tenemos que aprender a andar. Que para mirar atrás, hace falta un camino. Que para reír, antes has llorado. Que para besar, hace falta amar. Y que para morir, primero hay que vivir.
 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Comparto piso con Soledad.

Sentada en el alféizar de mi ventanta observo cómo los niños juegan con la nieve en la calle. Ríen, se lanzan bolas, intentan hacer muñecos, aunque sin mucho éxito. Me fijo en un niña. Viste unos pantalones blancos y un abrigo rosa con un gorro que le cubre la cabeza. Aún así, pueden verse sus cabellos rubios, casi transparentes. Ella también parece transparente. Está sola. Observa cómo los otros niños se divierten. Hay algo de melancolía en su gesto. No debe de tener más de cuatro años. Se acerca a un hombre que está de pie al lado de un banco, hablando por teléfono. La niña intenta llamar su atención con unos golpecitos en la pierna. Nada. Él se gira hacia el lado contrario. Ella lanza un suspiro que solo yo parezco escuchar. Se agacha. Coge algo de nieve para despistar a su soledad. La pasea entre sus manos, indecisa. Camina hasta un árbol. Se sienta apoyando la espalda contra este. Una lágrima resbala por mi ajado rostro. Veo que ella frota sus ojos. Su respiración es entrecortada. Ahoga sus gemidos para que nadie la oiga llorar. Mis arrugadas manos frotan mis mejillas, sintiendo las hendiduras del tiempo. Hace algo más de sesenta años, cuando yo nací, murió mi madre. Mi padre era un hombre de negocios y siempre estaba de aquí para allá. No recuerdo su rostro de otra manera que no sea arrugado y ocultando una temprana senectud. Nunca supe llamarlo papá, porque nunca pude llamarlo. Hoy, la casa está oscura. Ya no tengo los pasos de quien un día se acostó a mi lado, ni los llantos de unos bebés que ahora viven fuera. Comparto piso con la soledad. No suele hacer mucho ruido y, aunque parece escucharme, nunca responde. De vez en cuando, suena el teléfono, pero mi voz parece cubierta por el polvo, como un instrumento abandonado. Son llamadas por cortesía, porque hay un vínculo madre-hijos, acaban pronto. Corro las cortinas. Las nueve y media. Es hora de echarme en una cama de la que me sobra la mitad.

Recordar debería de estar prohibido.

Hacía tiempo que no echaba de menos así. Ni con tanta frecuencia. No me acordaba de lo que era empezar de cero. Tenía tan dañado el corazón que lo creía encallecido, impenetrable. No recordaba los nervios que puede provocar una sonrisa, ni eso de mirar a alguien sin llegar a cansarte. Ni siquiera cerraba ya los ojos por un olor perfume. Y, cuando pensaba que lo tenía todo bajo control, que era yo quien manejaba mi corazón y la parte de mi cerebro donde guardo mis sentimientos, cuando creía que era fuerte por haber dejado de llorar y por no extrañar, cuando creía que ya no había palabras que me ilusionasen, cuando creía tener al amor comiendo de la palma de mi mano, nos presentaron.
 
Gracias por hacer que vuelva a creer en algo que tantas veces había salido mal.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Save the last dance for me.

Es una vida que has querido más que a la tuya propia, una vida al lado de la cual has imaginado un futuro, una vida a la que querías abrazar y sujetar con fuerza, una vida que querías que estuviese al despertar al otro lado de la almohada, viendo cómo dormías, una vida que querías que te hubiese dado las buenas noches el resto de tu vida. Ahora, ya ni si quiera hay ningún tipo de relación entre su vida y la tuya. Sabes que se ha ido, que ya no estudia en el mismo lugar que lo hacía antes. Sabes que esa vida, esa persona a la que tú habías querido en silencio durante tanto tiempo, se está autodestruyendo. Que la presión social ha cambiado su forma de comportarse, que toma sustancias que antes no concebía tomar, que la escala de sus principios que creías tan firme ha dado un vuelco, toda la madurez que solía presentar a la hora de hablar brilla actualmente por su ausencia.
Pero sigues queriendo su vida como tu vida.