jueves, 29 de diciembre de 2016

OJALÁ MÁS BESOS DE ABUELA

Hiciste algo mal: no avisaste.
No nos avisaste y nos hemos quedado con un montón de cosas que eran para ti y que ahora duelen y nos hacen sangrar como nunca antes hemos llorado.
Tenemos montañas de abrazos que no paran de crecer. Se acumulan y pesan, aunque a veces disimulemos.
Estamos guardando historias que jamás vas a poder escuchar. La vida, todas nuestras vidas que están siguiendo. No podíamos pararnos.
Y ya que tú no lo haces, ahora soy yo la que calienta sus manos frías alrededor del café.
Todavía esperamos a que te pongas en las fotos, que si no cuesta sonreír.
No nos avisaste y nos hemos quedado sin un montón de cosas tan necesarias para todos nosotros.
Te has llevado la sabiduría popular y nos has dejado con un montón de pantallas táctiles de mierda.
Y los consejos ya no están. Ni esa capacidad de cuidar de todos a la vez. Ni la oportunidad de cuidarte a ti.
Ni siquiera tenemos tu risa ni aquellos apretones de manos para poner las cosas fáciles a los demás.
Y los domingos dan más miedo ahora que nunca.
No están los besos de abuela (ni los míos ni los tuyos); que ahora beso con cuidado para no echarme a llorar.
También te has quedado abrazos.
¿Cómo olías?
Ya no lo recuerdo.

lunes, 23 de mayo de 2016

Creo que pides demasiado para mis 19 años

19.
Y no he vivido ni la mitad de cosas que tú a mi edad.
Qué te voy a contar, si con unos pocos meses de vida ya sobreviviste a un bombardeo durante la puta Guerra Civil. Quizás por eso eras una socialista tan acérrima, pero socialista de verdad, no el postureo del que vive ahora el PSOE. Quizás por eso no soportabas a la derecha y te brotaban ampollas si escuchabas hablar a Rajoy o a Aznar. Me encantaba curártelas hablando contigo de política.
Si tú empezaste a trabajar a los diez años cuidando de un niño que era más grande que tú, cuando yo a esa edad solo me preocupaba de estudiar, de jugar y de que hubiese algo con chocolate a la hora de la merienda.
Si no tuviste las alas que nos habéis dado a nosotros, cuando en tu casa, a mi edad, la puerta se cerraba a las doce de la noche.
Si valorabas el esfuerzo de conseguir las cosas y a nosotros nos basta con abrir la boca para, seguramente, conseguir aquello que queremos.
Si el hambre os tocó de cerca y un padre en el exilio te obligó a madurar mucho antes de lo que te correspondía.
Si tú, con 19 años, ya habías conocido al amor de tu vida y lo teníais los dos todo tan claro. 
Si a mi edad hacía mucho tiempo que habías dejado de estudiar para ayudar en casa, porque la colaboración de dos brazos tan desinteresados y entregados como los tuyos nunca está de más y duele mucho cuando falta. Pero, aún así, tenías la letra más bonita que una abuela puede tener y una curiosidad que jamás se secó en 79 años y, joder, hay tantas cosas que se secan en muchísimo menos tiempo.
Si tus 19 años estaban ya llenos de historias, de viajes, de dolor y de felicidad. Porque, a pesar de todo lo malo, en las fotos siempre sales sonriendo.
Y qué raro hablarte en pasado cuando hace 3 meses te estaba llenando de besos.
¿Ves? Y por esto no me gusta crecer.

domingo, 24 de abril de 2016

Salud

Vuelve a quemar. Cuánto te gusta meterte el dedo en la llaga.
No, no.
No es una llaga.
Es una herida.
No te has ulcerado. Te has abierto. Y llevas meses sangrando.
Y la temperatura no sube. Joder, ¿por qué nadie viene a infectarte de una vez?
¿Por qué todo el mundo intenta coserte?
Son incapaces de entender que necesitas vaciarte.
No coagulantes. No gasas. No más paños calientes.
Sal. Alcohol. Limón.
Pero se ha empeñado en salvarte.
Y tú con las manos frías.
Espera.
¿Eso ha sido un beso?


martes, 12 de abril de 2016

A pesar de los monstruos

        Con el último trueno, ha temblado el cabecero de la cama y el fugaz haz de luz que ha atravesado la penumbra de la habitación ha durado lo suficiente como para despertarlo.

        Dormía encogido pero, incluso cuando estira sus piernas, sus pies no llegan a tocar la madera que hay al final del colchón.

        Normalmente no tiene miedo de las tormentas y hace casi un año que entendió que el mundo es el mismo al apagar la luz, pero esta noche algo lo está inquietando.

        Se gira con la intención de obviar toda aquella cantidad de gotas que están estrellándose contra el suelo y utiliza la sábana para cubrirse entero. Así estará a salvo.

        Pero otro relámpago vuelve a colarse en su dormitorio y esta vez está demasiado despierto como para ignorarlo.

        Al principio duda, pero termina por armarse de valor y decide salir de la cama en busca de monstruos, dejando, antes, a su dinosaurio de peluche bajo esa protección especial que ofrece una manta.

        Y mira en primer lugar en el baúl donde están guardados los juguetes y todo parece estar en orden. Tras la puerta tampoco parece haber nadie.

        Se detiene delante del armario y trata de prepararse para lo peor antes de abrirlo. Imagina mil cosas que podrían estar pasando ahí dentro, todos los villanos que posiblemente estuviesen ahí escondidos. Pero, al abrirlo, todo sigue como siempre. Su armario no es la guarida de ninguna de aquellas malas personas que planearían acabar con el mundo en una noche como esta.

        Y ya solo le queda mirar bajo la cama. Cuando no quiere que sus padres lo encuentren, siempre se esconde ahí. Por eso ha dejado ese último rincón para el final. Porque si alguien quisiese hacerle daño, aguardaría ahí escondido, pacientemente, hasta que él se levantase para atraparlo por los tobillos con sus peludas garras. Y no se siente preparado para hacerlo solo, así que, toma en brazos a su fiel compañero de algodón, respira profundamente y se agacha con rapidez. Bajo la cama tampoco hay ningún peligro y se siente muy bien consigo mismo por haber sido capaz de mirar ahí debajo él solito. Bueno, no exactamente solo del todo, pero el haberlo hecho le gratifica.

        Justo al terminar su infructuosa búsqueda, la tormenta vuelve a sacudir con fuerza y un poco de luz es capaz de penetrar, de nuevo, entre esas cuatro paredes.

        Entonces Damien lo entiende y baja la persiana completamente.

        Ha comprendido que los verdaderos monstruos se encuentran ahí fuera y que puede que no tengan garras ni tanto pelo, que igual no son tan distintos.

        Todavía con su dinosaurio de peluche rodeado por su brazo izquierdo, se dirige al dormitorio de sus padres, que duermen a pesar de los monstruos, y baja la persiana.

sábado, 23 de enero de 2016

Ni siquiera supiste si te quise bien

¿Y si te rozo la mano
pero no me atrevo a sujetarte fuerte?
No vayas a hacerte arena y
te enamores de los huecos que hay entre mis dedos.
Frío.

¿Y si te abrazo queriendo para mí
el olor del momento?
Que huele a ti.
Hemos superado las mínimas previstas.

¿Y si te quito la camiseta
y descifro el secreto en braille de tu espalda?
Juro no contarlo.
A nadie. Jamás.
Templado.

¿Y si nos besamos
con todas estas ganas
que impacientan, que molestan, que golpean?
Caliente.

¿Y si me cantas
flojito
pero tan fuerte que me pellizque el corazón?
Que me duela.
Por favor.
Me quemo.

domingo, 17 de enero de 2016

Y triturar mi corazón con ingredientes

Y mírate. Cómo sonríes en esta foto. Y lo bien que nos lo pasamos ese día. Cuánto me gustaba esa camisa. Qué nerviosa me puse cuando te vi esperándome. Y qué bonito ese abrazo que nos hizo cerrar los ojos. Y mira esta otra foto. Cuánto te gustaba a ti. Yo prefería esta otra. Qué bien olía tu colonia. Qué suave me cogiste de la mano. Cómo nos reímos esa tarde. Qué bien me lo pase esta noche. Qué casualidad que sonase esa canción. Cuánto te emborrachaste aquel día. Qué gracioso estuviste. Cómo me creí aquella broma. Qué ojos tan bonitos tienes. Vaya vértigo. Qué mal canto. Qué poco me importa. Cuántas veces no fuimos serios. Qué poco en serio. Qué bonita tu espalda. No pongas carita de pena. Cómo te tropezaste. Cómo me he tropezado. Cuánta gracia me hizo aquel chiste. Qué poco me gustan las despedidas. Cómo hemos crecido. Qué frío. Qué bonito aquel beso. Cómo lo has hecho. 


jueves, 14 de enero de 2016

Dicen que dicen

       Dicen que sigues donde siempre y que te va igual.
       Dicen que has engordado. 
       Dicen que todavía no has entendido el invierno.
       Dicen que no vas a cambiar [pero lo hiciste].
       Dicen que no has madurado.
       Dicen que no eres capaz.
       Dicen que el amor no es para ti.
       Dicen que no les gusta tu pelo.
       Dicen que no eres de fiar.
       Dicen que no les gusta cómo vistes.
       Dicen que ya no mientes igual de bien [mejor].
       Dicen
            que
                dicen.