sábado, 1 de marzo de 2014

Hoy el dolor se estrella en esta habitación

Sigilosamente, deja caer una de sus lágrimas suicidas al frío suelo embaldosado. Mira a izquierda y a derecha para ver si alguien ha oído a sus esperanzas chocar con el suelo. Nadie. Suspira. ¿Cómo es posible que nadie la haya oído? ¡Si lleva tanto tiempo gritando en su interior! Siente cómo se eriza su piel solo con recordar su imagen. Hace un intento de levantarse, pero sus piernas tiemblan y vuelven a fallarle. 
Otra vez, una vez más, vuelve a caer. Maldice el comienzo de todo esto. Recuerda sus falsas promesas y, ayudada de sus dedos, vomita todas sus mentiras. Limpia su boca con un trocito de papel higiénico y ve cómo sus esperanzas se van por el inodoro. Pensó que cambiando su físico y con un poquito de suerte, acabaría gustándole. ¿Qué más da que la báscula marque 32kg cuando su reflejo se sale del espejo? Ya ha tocado fondo muchas veces y no le gusta cómo sabe. Odia la acidez y el amargor que se pasean por su boca cada vez que cae. O, mejor dicho, cada vez que recae.
Sabe que hace daño a su familia y a sus amigos, y esa es la parte que más le duele. Es consciente de que ella también se daña, pero se siente mal cuando no lo hace. A él. A él le importa una mierda. Y sin embargo ella agoniza cada mediodía en aquel lúgubre baño.
Ya está. Todo va a terminar muy pronto. Ha decidido transformar todo su amor hacia él en amor propio. Hoy empieza a quererse. Y, esta vez, de verdad.

martes, 7 de enero de 2014

F(o/a)llar

Camina tarareando alguna vieja canción de amor que no sabe ni dónde la escuchó por primera vez. El volumen de la música que sale por los auriculares está alto, para mantener bajas las preocupaciones. Está harto de su soledad. Eso de ir de flor en flor nunca le ha gustado. Pero nadie le llena. Odia no tener a nadie a quien abrazarse las noches que pasa frío o simplemente las noches que quiere calor. El sexo sin amor ya no le vale. Ha prometido que invertirá el orden: primero el amor, y luego lo físico. Aunque intuye que, como de costumbre, volverá a fallarse y, sin cumplir su promesa, se follará a lo primero que se abra de piernas. Bueno, a lo primero no, a la primera. Un cigarrillo. Si por lo menos no puede pintar sus pensamientos de verde esperanza, que sus pulmones se tiñan de un negro elegante. Casi sin pensarlo, camina hacia un pequeño bar refugiado en un tenue callejón, es un pequeño santuario del rock y está seguro de que eso es lo único que ama. Se dirige a la barra y, sin mirar al camarero, pide una cerveza. Suena Stairway to Heaven. Si pudiese follarse una canción, seguro que sería esta. O quizás I don't wanna miss a thing de Aerosmith. O igual un trío, ¿por qué no? Coge el botellín que reposa sobre la barra y, casi de un trago y sin saborearla, bebe la mitad. Limpia su mano del agua condensada alrededor de su cerveza en su pantalón vaquero. Saca el móvil de su bolsillo y comienza a mirar las redes sociales. Una joven rockera, de unos veinte años, tropieza con una de las patas de una mesa y, sin querer, choca contra su hombro. Le pide disculpas pero él no hace caso, está demasiado ocupado. Quién sabe si el amor de su vida acababa de golpearle el hombro accidentalmente mientras él estaba ocupado twitteando sobre lo solo que está. Guarda el teléfono. Divisa al fondo de la barra una rubia bien dotada. Termina su botellín de trago y, vuelve a fallarse.

jueves, 17 de octubre de 2013

"Y, aunque voy a llorar, poco a poco entenderé que nunca volverás."

Había decidido salir de compras aquel día, hacía mucho que no se daba un capricho y quería renovar su fondo de invierno. Tomó en sus manos una bonita camisa negra de manga larga con transparencias. La acarició suavemente, le gustaba su tacto. Pronto, la canción que estaba sonando en aquella tienda dejó paso a otra que para ella no necesitaba presentación. Era una de estas canciones que te invitaba a bailar abrazados, muy lentamente, sintiendo cada compás que a ella se le grababan a fuego en el alma. Aquella canción la obligaba a recordar un capítulo de su vida que había terminado de escribir hacía ya más de un año y que había decidido nunca volverlo a leer. Pero, hay veces, situaciones, que, aunque no se quiera, acaban recordándote a un beso, a una mirada, un abrazo y, finalmente, a una persona. Dejó con cuidado la camisa en su sitio y salió de la tienda. Miró hacia la izquierda y, seguidamente, hacia la derecha: el centro comercial estaba abarrotado de gente que iba de aquí para allá, sin percatarse de que ella sangraba desamor. Se apartó, sentándose en el borde de una fuente que estaba situada en el centro de la planta calle de aquella galería comercial. Sacó su móvil del bolso y buscó entre sus conversaciones antiguas de WhatsApp: ahí estaba la suya. Comenzó a volver atrás en el tiempo y encontró su primera discusión. Y después otra. Y otra más. Solo se entendían en los besos, y, a la larga, eso pasa factura. Y la distancia...la distancia hizo mucho. Pero también hacía mucho de aquella historia y, una vez más, la doctora Música le había descosido la herida que tanto le costaba remendar. Notaba cómo los recuerdos fluían adueñándose de ella, resbalando por sus mejillas. Pero un día se prometió a sí misma que iba a ser fuerte, que se acabó el llorar por quien ni siquiera la recordaba, que no iba a ser más el cleenex de nadie y que, si ella agarraba uno, sería para secar lágrimas de felicidad, que si le iba a doler el estómago por alguna razón, sería de reír y no de nervios. Leyó un WhatsApp que acababan de enviarle. Volvió a mirar hacia los lados y rozó sus mejillas con las mangas de su chaqueta. Respiró hondo y salió a la puerta principal del centro comercial:
-¡Hola, amor! ¿Cómo van esas compras?-le saludó con un beso mientras el recuerdo que la canción que acababa de escuchar se desvanecía lenta y dolorosamente...
 

jueves, 4 de julio de 2013

Todo lo que he perdido por ser un estúpido y tomar lo que no debo.

Siempre tuvieron una relación difícil. Él era de orgullo fuerte, aunque ella tenía un perdón inmenso. Su rebelde adolescencia les causó muchos problemas, ahora maldice sus hormonas en ebullición. Tal día como hoy, le ha dado por recordar cuando caminaban por la calle agarrados de la mano. Ha venido a su memoria cómo le retiraba su rebelde flequillo antes de darle un beso en la frente cada noche. Hoy ha decidido hacerle una visita, tiene algo que contarle, después de tanto tiempo sin hablar:
  
<<Hola mamá. Sé que ha pasado mucho tiempo y que quizás no te alegre escucharme, pero no puedo vivir sin estar en paz contigo. También sé que cuando tú te marchaste vivíamos una situación difícil de la que solo yo tengo la culpa y, a la vez que tú exhalabas tu última bocanada de aire, me juré solucionarla. Y vengo precisamente por eso, para contarte que ya se ha acabado todo, mamá. Llamé a mis hermanos poco después de tu muerte y, al contrario de lo que yo esperaba, me prestaron toda la ayuda que necesité. Tienen el corazón casi tan grande como el tuyo. Ya no vivo sumido en aquel infierno que me consumía por dentro si yo no lo consumía, mamá. Nos ha costado años de llantos, discusiones, mentiras y más mentiras por mi parte. Yo quería salir de ahí, quería dejarlo, mamá, pero me tenía atrapado en su tela blanca. Intentaba huir, pero de repente sorprendía a mis pies caminando hacia el que era "mi amigo" porque me hacía precio después de tantos años, ¿sabes?  Antes de que me diese cuenta, tenía unos gramos en el bolsillo y unos cuantos billetes menos. Sabía que estaba mal, mamá, pero me era imposible pasar sin ella. Era un amor no correspondido, yo lo daba todo por ella: mi dinero, discutía con mi familia, perdí amigos, te perdí; pero ella lo único que hacía era dañarme: me pasaba las noches en vela cuando no la tenía y, cuando la tenía, también me era imposible dormir, cada vez me hacía necesitar más y más cantidad, más y más problemas. Pero eso ya se ha acabado, mamá. Quizás llego un poco tarde, pero por fin puedo decir que lo he superado. Espero que puedas perdonarme por todo el daño que te hice, no te merecías el calvario que te hice caminar de mi mano, tú, que lo diste todo por mí. Perdóname, mamá."
Una suave brisa le retiró el flequillo, se estaba haciendo de noche.

miércoles, 5 de junio de 2013

Cuando me enamoro.

-¿Qué te pasa?
Silencio. Suspiró. Iba a contárselo aunque no había nada nuevo, nada que no supiese, pero necesitaba soltar todo aquello una vez, una vez cada cierto tiempo. Y lo curioso es que solo hablaba de este tema desde lo más profundo del alma con Laura.


-Lo de siempre, Laura. Es cada acorde de guitarra acompañado de palabras de amor, aunque sean susurradas lo que me graba su nombre a fuego a contra-tiempo respecto a mis latidos. Empieza lento. Siempre empieza lento. Al principio casi ni se nota, ¿sabes? Comienza con alguna foto de hace tiempo, algún texto bonito, una película romántica o una canción de amor, bueno, mejor dicho de desamor. O simplemente alguien dice su nombre. Suelo decirme a mí misma que no lo echo de menos, que él lo último que me haría ahora es bien, que ha cambiado mucho y no es el de antes. Pero no sirve, Laura, no sirve. Algunas veces logro contener las lágrimas durante un rato, mentalizándome de que no las merece. Pero es que él se merece el mundo, Laura. Y el mundo sería poco para él. Igual que yo, yo soy poco para él. Sé que no hubo nada entre nosotros, lo sé. Pero él fue lo mejor que nunca me pasó. Y, a pesar de que me duela, tengo que aceptar que se ha ido, que ahora lleva otra vida y que yo no estoy en ella. Pero es difícil no querer separarte de una persona, mucho. Aunque, ¿sabes?, creo que eso sí que lo he aceptado, bueno...más o menos. Pero tienes que entender que el amor no se cura ni se olvida, el amor vive mientras vive el enamorado. Y ya sé lo que vas a preguntar, me lo preguntas siempre y siempre contesto lo mismo: No lo sé, no sé si estoy enamorada de él, pero cada día lo pienso más. Es mucho tiempo sin hablarnos y él sigue tan vivo dentro de mí, parece que nunca nos dejamos, lo sigo queriendo igual que el primer día, incluso puede que más, pero con la ilusión bastante más marchitada. ¿Sabes qué es lo que tengo muy claro? Que no hubo, hay, ni habrá nada entre los dos; tuve mi oportunidad y por miedo, por verme pequeña, por no verme preparada, por no querer perderlo, la desaproveché. Sé que voy a arrepentirme toda la vida, porque ninguno me ha calado como él. Tengo que decir que tampoco nunca alguien me ha inspirado tanto. Y es que las mejores palabras, emanan de una herida de amor. Como siempre, gracias cielo, por escucharme, te debo tantas...


lunes, 27 de mayo de 2013

Juegas en verso.

-¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL! ¡VAMOOOOOOOOOOS!-él celebró aquel disparo a puerta como si hubiese salido de sus propios pies, sabía que su equipo estaba a punto de lograrlo, a unos escasos minutos de coronarse campeón. En su cuerpo se desató la locura, se deshizo de su camiseta, la arrojó y comenzó a correr por el salón, hasta tirarse de rodillas en el suelo, al lado de la mesita de café colocada equidistantemente de la tele y el sofá.-¡VAMOS, JODER!-se giró, y la vio todavía sentada en el sofá, sonriendo, feliz porque él estaba feliz, mirándolo con ojos de niña pequeña que espera que reparen en ella. De repente, calma. Su cuerpo había olvidado aquel chut que los jugadores del equipo todavía celebraban abrazando a aquel killer que les había dado el título. Se acercó con paso lento hacia el sofá y, sin decir nada, acurrucó su cabeza en las piernas de ella, rodeándola con uno de sus brazos. Se entendían perfectamente, pero estaban conteniendo sus ganas de besarse, quién sabe por qué, pero era un juego entre ellos dos.
-Te quiero.-los labios de ella articularon aquellas dos palabras.
-Esto merece más celebración que cualquier gol.-dijo él.
Y lo celebraron.

domingo, 12 de mayo de 2013

"Dolerá, pero no tanto como su ausencia."

-Nunca más.-se dijo. Colocó un cigarro en sus labios y lo encendió torpemente por culpa del viento.-Me lo juro.
Dirigió sus pasos hacia la parte alta de la ciudad. Sus pulmones iban tiñéndose de negro acompasadamente. Cuanto más se alejaba del centro, menos gente circulaba a su alrededor, y eso le gustaba. Llegó a donde sus pies le llevaban instintivamente cuando se acordaba de ella. Volvió a sentarse en el mismo banco de siempre y suspiró a la vez que arrojó la colilla al suelo, no se molestó en apagarla. -Ya que dejó de arder la pasión, que arda la nicotina.-Sacó su cuaderno lleno de letras que pretendían plasmar sentimientos que ni él mismo sabía definir. Un boli, un suspiro y manos a la obra.
"Eso de su dedo juguetón deslizándose sobre mi espalda desnuda. Eso de su sonrisa amagando besos que más tarde yo me cobraría. Su pelo que olía a deseo y a impaciencia. Sus piernas, que nacían de una perfecta cadera. Mis manos en su cintura y su cabeza en mi hombro."
Algo le hizo abandonar su prosa y levantar la cabeza del cuaderno. Era su olor. El olor del pelo de ella. Miró a la izquierda. A la derecha. Nadie. Volvió a sumergirse en sus letras.
"Mis manos en su cintura y su cabeza en mi hombro. Su culo...¡qué culo! Cuántas noches lo he echado de menos entre mis sábanas."
Oyó unos pasos que le eran familiares pero no se atrevió a girarse.-Joder tío, te hace tanta falta tenerla al lado que hasta imaginas que está aquí y ahora, va, concéntrate-se dijo.
"Cuántas noches lo he echado de menos entre mis sábanas. Cuánto me gustaría poder susurrarle al oído por última vez. Solo una vez más. Volver a sentir su dedo en mi espalda. Volver a oler su pelo. Recortar con mi mirada una vez más las curvas de sus piernas. Su culo entre mis sábanas por última vez. Solo una vez más."
Cerró su cuaderno. Lo tenía decidido. Sabía que era imposible no recordarla, por mucho que se lo jurase todas las noches. Iba a tatuársela en la piel para siempre, igual que en su corazón. Caminando con un paso que él creía firme pero que apenas parecía seguro, llegó a un modesto estudio de tatuajes.
-Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?-una mujer morena y bajita le habló desde detrás del mostrador.
-Van a ayudarme y mucho, no saben cuánto. Van a ayudarme a recordar para siempre a la persona que fue mi vida y que, aunque nos separase aquel accidente de tráfico que provocó un jodido borracho, sigue siéndolo. Necesito tenerla conmigo. Necesito que los poros de mi piel transpiren las letras de su nombre, literalmente.
-Entiendo. Pase por aquí. Dolerá, pero no tanto como su ausencia.