viernes, 2 de marzo de 2018

Gracias por ser agua sin serlo

Puede ser que te parezcas al agua
por ser vida;
por conseguir el color verde Esperanza;
por introducirte en mis grietas y curar mi deshidratación de fe en la magia
       [que es creer dos veces en lo que no se ve, pero se siente,
        un sí 2  que te daría todos los días de nuestra vida];


Puede ser que te confundas con el agua cuando disfrutas un domingo de la lluvia
       [como si te corrieses a lo bestia];


Puede ser que les recuerdes al agua
porque haces barro de las dudas
       [y eso les asusta];
porque has decidido que todo el mundo es tu hogar
y te has propuesto conocer todos los rincones de tu casa.



Pero me demuestras que no eres agua:
no te escurres entre mis dedos.


       [Gracias por ser agua sin serlo]


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Paz (con P de Pilar)

Una despedida es la guerra con más bajas del mundo.
La hemorragia más larga.
La infección más purulenta.
Un "adiós" forzado es la manera más fuerte de anudar la garganta. 
Saber que lo que fue ya no será y no saber ya más.

¿Qué puede ser peor?

No escuchar otro de vuelta.
Sangrar solo.
Ser el único infectado.
Que nadie afloje el torniquete de impotencia de tu garganta.

Porque la única persona que puede hacerlo, no ha tenido la oportunidad de despedirse.

¿Qué duele más: abrazarse por última vez o no saber que ese abrazo será el último?

No pudimos despedirnos.


No quiero hacerlo.

Seguirás siendo hogar y, ahí, no hay guerra.

domingo, 29 de octubre de 2017

Y yo toda la suerte

Tienes la felicidad guardada entre el hueco que separa tus labios de tus dientes,
y me sonríes.

Tienes un Sol viviendo en tu manga
y siempre me rodea si tirito.

Tienes la ilusión asomándose desde tus pupilas
y un espejo enorme en las mías.

Tienes la risa escondida detrás de una mueca
y me estás curando la vida.

Tienes toda la magia en tu cabeza
y, joder, nunca has necesitado ningún truco.


Tienes amor en las manos
y me recoges el pelo
tienes amor en la garganta
y cantas conmigo
tienes amor en los ojos 
y me miras
tienes amor en el pecho
y me abrazas
tienes, amor, en los labios, toda mi vida.

sábado, 21 de octubre de 2017

Color Esperanza

No has dado tú el paso, sin embargo, la tierra se ha movido bajo tus pies y has visto piedras como recuerdos rodar en dirección contraria a ti mientras esperabas un efecto boomerang.

Pero la previsión ha fallado: ha vuelto el miedo [el puto miedo].

Y ahora ya ninguna opción parece la correcta: ni avanzar, ni retroceder, ni quedarte quieta.

¿Qué mierdas hay que hacer en caso de derrumbamiento? ¿Cómo cojones se para una avalancha? ¿Por qué estamos temblando? ¿Gritar va a salvarme? Y, llorar, ¿va a evitar que me ahogue?

Con el pie y la indecisión en el aire miro al suelo y veo que, justo debajo, hay un tallo verde.

Todavía hay Esperanza.

viernes, 22 de septiembre de 2017

La vida entera

Sonrío por un roce,
porque en nosotros no hace el cariño [evidente],
hace la felicidad [inmensa].

Me quedo a vivir entre los pliegues de tu sonrisa,
con lo que me gusta taparme y ponerme hasta arriba [de ti].

Me das calor incluso cuando tienes las manos frías,
porque eres casa,
donde nunca nieva y solo llueve cuando hay sueño.

Elijo una de esas canciones que no paras de cantar para que suene
[en ti y en mí]
la vida entera.

Y las ganas me sobran, me desbordan, me ahogan...

No, por favor, no te pongas serio, que me destapas.
[Vuelve              a                 salvarme].

jueves, 29 de diciembre de 2016

OJALÁ MÁS BESOS DE ABUELA

Hiciste algo mal: no avisaste.
No nos avisaste y nos hemos quedado con un montón de cosas que eran para ti y que ahora duelen y nos hacen sangrar como nunca antes hemos llorado.
Tenemos montañas de abrazos que no paran de crecer. Se acumulan y pesan, aunque a veces disimulemos.
Estamos guardando historias que jamás vas a poder escuchar. La vida, todas nuestras vidas que están siguiendo. No podíamos pararnos.
Y ya que tú no lo haces, ahora soy yo la que calienta sus manos frías alrededor del café.
Todavía esperamos a que te pongas en las fotos, que si no cuesta sonreír.
No nos avisaste y nos hemos quedado sin un montón de cosas tan necesarias para todos nosotros.
Te has llevado la sabiduría popular y nos has dejado con un montón de pantallas táctiles de mierda.
Y los consejos ya no están. Ni esa capacidad de cuidar de todos a la vez. Ni la oportunidad de cuidarte a ti.
Ni siquiera tenemos tu risa ni aquellos apretones de manos para poner las cosas fáciles a los demás.
Y los domingos dan más miedo ahora que nunca.
No están los besos de abuela (ni los míos ni los tuyos); que ahora beso con cuidado para no echarme a llorar.
También te has quedado abrazos.
¿Cómo olías?
Ya no lo recuerdo.

lunes, 23 de mayo de 2016

Creo que pides demasiado para mis 19 años

19.
Y no he vivido ni la mitad de cosas que tú a mi edad.
Qué te voy a contar, si con unos pocos meses de vida ya sobreviviste a un bombardeo durante la puta Guerra Civil. Quizás por eso eras una socialista tan acérrima, pero socialista de verdad, no el postureo del que vive ahora el PSOE. Quizás por eso no soportabas a la derecha y te brotaban ampollas si escuchabas hablar a Rajoy o a Aznar. Me encantaba curártelas hablando contigo de política.
Si tú empezaste a trabajar a los diez años cuidando de un niño que era más grande que tú, cuando yo a esa edad solo me preocupaba de estudiar, de jugar y de que hubiese algo con chocolate a la hora de la merienda.
Si no tuviste las alas que nos habéis dado a nosotros, cuando en tu casa, a mi edad, la puerta se cerraba a las doce de la noche.
Si valorabas el esfuerzo de conseguir las cosas y a nosotros nos basta con abrir la boca para, seguramente, conseguir aquello que queremos.
Si el hambre os tocó de cerca y un padre en el exilio te obligó a madurar mucho antes de lo que te correspondía.
Si tú, con 19 años, ya habías conocido al amor de tu vida y lo teníais los dos todo tan claro. 
Si a mi edad hacía mucho tiempo que habías dejado de estudiar para ayudar en casa, porque la colaboración de dos brazos tan desinteresados y entregados como los tuyos nunca está de más y duele mucho cuando falta. Pero, aún así, tenías la letra más bonita que una abuela puede tener y una curiosidad que jamás se secó en 79 años y, joder, hay tantas cosas que se secan en muchísimo menos tiempo.
Si tus 19 años estaban ya llenos de historias, de viajes, de dolor y de felicidad. Porque, a pesar de todo lo malo, en las fotos siempre sales sonriendo.
Y qué raro hablarte en pasado cuando hace 3 meses te estaba llenando de besos.
¿Ves? Y por esto no me gusta crecer.

domingo, 24 de abril de 2016

Salud

Vuelve a quemar. Cuánto te gusta meterte el dedo en la llaga.
No, no.
No es una llaga.
Es una herida.
No te has ulcerado. Te has abierto. Y llevas meses sangrando.
Y la temperatura no sube. Joder, ¿por qué nadie viene a infectarte de una vez?
¿Por qué todo el mundo intenta coserte?
Son incapaces de entender que necesitas vaciarte.
No coagulantes. No gasas. No más paños calientes.
Sal. Alcohol. Limón.
Pero se ha empeñado en salvarte.
Y tú con las manos frías.
Espera.
¿Eso ha sido un beso?


martes, 12 de abril de 2016

A pesar de los monstruos

        Con el último trueno, ha temblado el cabecero de la cama y el fugaz haz de luz que ha atravesado la penumbra de la habitación ha durado lo suficiente como para despertarlo.

        Dormía encogido pero, incluso cuando estira sus piernas, sus pies no llegan a tocar la madera que hay al final del colchón.

        Normalmente no tiene miedo de las tormentas y hace casi un año que entendió que el mundo es el mismo al apagar la luz, pero esta noche algo lo está inquietando.

        Se gira con la intención de obviar toda aquella cantidad de gotas que están estrellándose contra el suelo y utiliza la sábana para cubrirse entero. Así estará a salvo.

        Pero otro relámpago vuelve a colarse en su dormitorio y esta vez está demasiado despierto como para ignorarlo.

        Al principio duda, pero termina por armarse de valor y decide salir de la cama en busca de monstruos, dejando, antes, a su dinosaurio de peluche bajo esa protección especial que ofrece una manta.

        Y mira en primer lugar en el baúl donde están guardados los juguetes y todo parece estar en orden. Tras la puerta tampoco parece haber nadie.

        Se detiene delante del armario y trata de prepararse para lo peor antes de abrirlo. Imagina mil cosas que podrían estar pasando ahí dentro, todos los villanos que posiblemente estuviesen ahí escondidos. Pero, al abrirlo, todo sigue como siempre. Su armario no es la guarida de ninguna de aquellas malas personas que planearían acabar con el mundo en una noche como esta.

        Y ya solo le queda mirar bajo la cama. Cuando no quiere que sus padres lo encuentren, siempre se esconde ahí. Por eso ha dejado ese último rincón para el final. Porque si alguien quisiese hacerle daño, aguardaría ahí escondido, pacientemente, hasta que él se levantase para atraparlo por los tobillos con sus peludas garras. Y no se siente preparado para hacerlo solo, así que, toma en brazos a su fiel compañero de algodón, respira profundamente y se agacha con rapidez. Bajo la cama tampoco hay ningún peligro y se siente muy bien consigo mismo por haber sido capaz de mirar ahí debajo él solito. Bueno, no exactamente solo del todo, pero el haberlo hecho le gratifica.

        Justo al terminar su infructuosa búsqueda, la tormenta vuelve a sacudir con fuerza y un poco de luz es capaz de penetrar, de nuevo, entre esas cuatro paredes.

        Entonces Damien lo entiende y baja la persiana completamente.

        Ha comprendido que los verdaderos monstruos se encuentran ahí fuera y que puede que no tengan garras ni tanto pelo, que igual no son tan distintos.

        Todavía con su dinosaurio de peluche rodeado por su brazo izquierdo, se dirige al dormitorio de sus padres, que duermen a pesar de los monstruos, y baja la persiana.

sábado, 23 de enero de 2016

Ni siquiera supiste si te quise bien

¿Y si te rozo la mano
pero no me atrevo a sujetarte fuerte?
No vayas a hacerte arena y
te enamores de los huecos que hay entre mis dedos.
Frío.

¿Y si te abrazo queriendo para mí
el olor del momento?
Que huele a ti.
Hemos superado las mínimas previstas.

¿Y si te quito la camiseta
y descifro el secreto en braille de tu espalda?
Juro no contarlo.
A nadie. Jamás.
Templado.

¿Y si nos besamos
con todas estas ganas
que impacientan, que molestan, que golpean?
Caliente.

¿Y si me cantas
flojito
pero tan fuerte que me pellizque el corazón?
Que me duela.
Por favor.
Me quemo.

domingo, 17 de enero de 2016

Y triturar mi corazón con ingredientes

Y mírate. Cómo sonríes en esta foto. Y lo bien que nos lo pasamos ese día. Cuánto me gustaba esa camisa. Qué nerviosa me puse cuando te vi esperándome. Y qué bonito ese abrazo que nos hizo cerrar los ojos. Y mira esta otra foto. Cuánto te gustaba a ti. Yo prefería esta otra. Qué bien olía tu colonia. Qué suave me cogiste de la mano. Cómo nos reímos esa tarde. Qué bien me lo pase esta noche. Qué casualidad que sonase esa canción. Cuánto te emborrachaste aquel día. Qué gracioso estuviste. Cómo me creí aquella broma. Qué ojos tan bonitos tienes. Vaya vértigo. Qué mal canto. Qué poco me importa. Cuántas veces no fuimos serios. Qué poco en serio. Qué bonita tu espalda. No pongas carita de pena. Cómo te tropezaste. Cómo me he tropezado. Cuánta gracia me hizo aquel chiste. Qué poco me gustan las despedidas. Cómo hemos crecido. Qué frío. Qué bonito aquel beso. Cómo lo has hecho. 


jueves, 14 de enero de 2016

Dicen que dicen

       Dicen que sigues donde siempre y que te va igual.
       Dicen que has engordado. 
       Dicen que todavía no has entendido el invierno.
       Dicen que no vas a cambiar [pero lo hiciste].
       Dicen que no has madurado.
       Dicen que no eres capaz.
       Dicen que el amor no es para ti.
       Dicen que no les gusta tu pelo.
       Dicen que no eres de fiar.
       Dicen que no les gusta cómo vistes.
       Dicen que ya no mientes igual de bien [mejor].
       Dicen
            que
                dicen.

jueves, 7 de enero de 2016

Love hurts but sometimes it's a good hurt

        La observó llorar.

       No había sabido mantener el equilibrio encima de la bicicleta y se había precipitado contra el asfalto.

       Ahora estaba sentada, con la pierna derecha estirada y la izquierda flexionada y rodeada por sus brazos, aquellos brazos que todavía no alcanzaban a abarcarlo por completo. Ella contemplaba cómo la piel de su rodilla se había abierto con la facilidad con la que se apartaban las cortinas del salón de su casa.
       
       Observó cómo empezaba a ponerse roja y cómo comenzaban a marcarse las venas y arterias de su cuello y su frente y la tormenta que se había formado en sus ojos era cada vez más fuerte.

       Rasgaba más y más su garganta con cada lágrima que caía en su rodilla, que la sal escuece.

       Y nada parecía capaz de consolarla, nada había capaz de hacerle creer que, en algún momento, esa herida dejaría de sangrar.



La observó llorar
y
fue entonces
cuando comprendió
cuánto

le


dolería



enamorarse.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Solo la ternura salvará el mundo

       La sensación de frío comienza a desaparecer de su piel entumecida, toda esa humedad que cae sobre sus hombros carece ya de cualquier importancia. Tampoco tiene sensibilidad en las manos y, para asegurarse de que sigue con ella, mira hacia abajo y la ve: el pelo oscuro algo revuelto y las mejillas todo lo sonrojadas que le permite su piel morena, parecen capaces de cortarte si las acaricias. Sin embargo, lo hace. Se agacha y, con el dedo pulgar de su mano derecha, le limpia una pequeña mancha de barro y siente llevarse con ella buena parte de su inocencia. Aunque no haya sido así, se siente culpable.

       Vuelve a erguirse y sus pies siguen el mismo camino que los demás. Inercia. El hambre parece estar rasgando su interior y el miedo se siente como todos los pares de pies de Occidente sobre su pecho. Pero no puede llorar y no es el momento para gritar.

       Y, aunque la noche está tranquila, la persigue el estruendo desgarrador de todos aquellos que no han podido huir.

       Piensa que tiene suerte. Pero han llegado a otra frontera. Está cerrada, por supuesto. Y, paradas delante de ella, muchas personas que visten un traje oscuro, se protegen con cascos y guardan sus prejuicios tras un escudo transparente. Como si ellos no quisiesen paz. Como si ellos no huyesen de una guerra. Como si aquellos soldaditos tan bien colocados no entendiesen que, para ganar esta partida, deberían abrazarlos a todos.

       El ambiente comienza a convulsionarse y se dan los primeros disturbios y se gastan las ganas de luchar en las filas más alejadas de la valla mientras que, en las filas más adelantadas, arde la rabia. La imagen consigue ulcerarle el corazón. Un poquito más.

       Pero recupera la sensibilidad en las manos, quizás porque ha vuelto a hervir su sangre, y nota cómo su pequeño tesoro intenta llamar su atención con unos suaves toquecitos sobre el reverso de su mano izquierda. Mira hacia abajo, es decir, la mira. Ve cómo ella le señala un pequeño charco que no está muy lejos y dispara, sí, dispara, su curiosidad:

-Mamá, ¿cómo han conseguido meter la Luna ahí dentro?

Y, llorando, se agacha a abrazarla.
Es el momento de gritar.



domingo, 13 de diciembre de 2015

Bon Nadal

          Barcelona. Es un día de diciembre con complejo de uno de mitad de marzo. Parada en la calle, apoyada en un escaparate. Está algo cansada. Son poco más de las seis de la tarde, pero ya ha oscurecido. Desde donde se encuentra, puede ver perfectamente cómo los operarios del Ayuntamiento colocan las luces. Ya no queda nada para Navidad. Este año también repetirá plan.
          Hoy hay mucha gente paseando por Rambla Cataluña, pero pocos son los que se detienen a hacer fotos, pocos son los que reparan en ella, pocos son los que se paran.
           Ella se ha fijado en ese niño pequeño que se ha quedado un poco rezagado y al que sus padres esperan un par de metros más adelante, y en aquella pareja que se quiere tanto, y en ese grupo de amigas que escuchan atentamente a la que está en el extremo de la izquierda y de repente se deshacen en carcajadas, y en ese chico joven que va en bicicleta y ha tenido que frenar porque una mujer despistada no se ha fijado en el carril, y en esa madre y su hija que salen de aquella tienda con un par de bolsas. Es muy observadora.
         Hoy no lleva bufanda, ni guantes. Y agradece que la temperatura acompañe. Aunque siempre le ha divertido exhalar con fuerza todo el aire de sus pulmones y que condense al instante.
              Su estómago le avisa. Pero sabe que la cena de hoy, igual que la de ayer, se hará esperar. Y empieza a contar. El día de hoy no ha sido muy productivo.
           Todavía con la cabeza agachada, escucha unos pasos acercarse. Levanta la vista. Es el niño pequeño de antes. Le ofrece una bolsa que llevaba entre sus manos:
-¡Bon Nadal!-le dice. Y vuelve con sus padres, que observan la escena a un par de metros.
          Ella abre la bolsa. Hay dos tabletas de turrón de chocolate, galletas, batido, un bocadillo caliente y una postal.
-Bon Nadal.-Susurra con el corazón inundado de ternura.
           

  

lunes, 23 de noviembre de 2015

Crack

Llora. Rómpete. Explota.
Que yo ya me voy armando de paciencia para volver a pegar, uno a uno, todos tus trocitos.
Grita y agriétate. 
Que ya lavaremos con las canciones de siempre las heridas que queden abiertas y coserlas será tarea fácil si enhebramos con cuidado nuestras risas.
Deja que el miedo te destruya por dentro. Hazte la muerta. Que piense que ha ganado la partida.
Le daremos la vuelta al marcador en el último segundo. Factor sorpresa.
Sufre hipotermia, baila de frío.
Que yo ya voy tejiendo una manta de abrazos para este invierno que no avisó.
Tápate la cara con las manos.
Que pregunten los curiosos. Les diremos que el mundo no está preparado para asomarse a tus ojos. Que no lo intenten.
Aprieta los labios. Fuerte.
Que nos duela verte. Que sabremos que estarás sanando.
Deshazte en suspiros.
Que pueda notarte en el aire.
Pasa las noches en vela.
Que descifraremos en el techo las historias que nunca sucederán.
Ponle nombre al nudo de tu garganta.
Lo cuidaremos y lo sacaremos a pasear.
Vuelve a leer el libro más triste con el que te hayas encontrado.
Y vuelve a contarme el final, que yo te estaré escuchando.
Vuelve
a
hacer
crack.





miércoles, 4 de noviembre de 2015

Mariposas en el cuello

Tengo

mariposas en el cuello,

y es tan difícil disimular

cuando miras.



Tengo

un ejército de pestañas

con síndrome de abstinencia

si te callas.



Tengo

el amor en una maceta en el balcón

y le pongo tu risa

para que crezca.



Tengo

vértigo de tus párpados,

nunca estuve acostumbrada

a las alturas.



Tengo

mi centro de gravedad

esperando a que apuntes, dispares

y me tumbes.



Tengo

todos los años que nos quedan

esperando  que vengas

para irnos a celebrarlo.



Tengo

desnudez de sobra

para andar descalza

por tu cocina.



Tengo

mariposas en el cuello

y esta vez no quiero disimular

si me miras.

jueves, 24 de septiembre de 2015

If you dare, come a little closer.

¿Tengo que volver a respirar? ¿En serio? ¡Qué cansado es esto! No me gusta, demasiado repetitivo.-Hago una pausa para saciar esta estúpida necesidad biológica.-A veces pienso que los seres humanos estamos mal hechos, como con taras. Bueno, no lo pienso, lo creo. Esta absurda dependencia que tenemos de todo lo que está más allá de nuestra piel consigue perturbarme. No gozamos de autonomía, no seáis utópicos. Probad a no alimentaros, dejad que vuestro estómago aulle hasta devoraros por dentro. Probad a no colmar la sed hasta agrietaros tanto que se os vean los defectos, las malas intenciones y todas esas cosas que nunca os habéis atrevido a decir. Probad a no cubriros ante el frío y comprended por qué Vodka significa agua de vida. Probad a no protegeros del Sol y sentid cómo vuestra piel llora todas vuestras miserias. Probad a no enamoraros. ¡Qué estupidez!-Intento reír.-Lo acabaréis haciendo, no os queda elección. Creo que es la necesidad externa más jodida de todas: cuando tu piel decide que le gusta el roce de aquella otra piel y entonces el hambre, la sed, el frío y el calor son solo amagos de historias de terror que contarías alrededor de una hoguera una noche cualquiera, sujetando una linterna bajo tu barbilla. Esa puta ternura que te nace de vete tú a saber dónde y que tan ridícula se me presenta a veces. Ese quiero más que nunca vas a llegar a saciar. Porque casi seguro que va a faltar algo. No lo escoges. No lo escoges como decides no comerte este postre porque engorda o no tomarte aquella copa porque después vas a conducir. Igual que no escoges respirar.-Agotada, me coloco en la nariz el respirador que hace un rato he retirado y vuelvo a esa cama que tanto odio; porque no es la mía (ni la tuya). Hoy ya he tenido bastante. Oigo cómo las celadoras arrastran el carrito y llaman a las puertas: es la hora de la cena.

jueves, 18 de junio de 2015

Pídeme más.

     Vuelve a cerrar los ojos. Pero no de cualquier manera, sino como hacía mucho que no los cerraba; esa forma de cerrar los ojos que viene acompañada de una profunda inspiración que guarda dentro de ti, para siempre, el olor del momento, y tras la que se apoyan los puños cerrados en el pecho de quien está justo delante. Y después solo te queda rendirte, con los ojos cerrados tu frente se posa en aquellos labios que no pueden hacer nada más que besarla.
     Se detiene a escuchar aquellos latidos, que suenan igual que cuando ella llama, suavemente, con los nudillos, a la puerta de su casa.
     Le encantan esos momentos a cámara lenta (se marea cuando la vida sigue su curso normal, vertiginoso a su parecer).
     Él expira lentamente todos sus miedos y la caricia de aquella tormenta sobre su pelo le hace sentir de la misma forma que cuando, desatendiendo a todas las voces del interior del vehículo, saca por la ventanilla la mitad de su cuerpo y el viento llena de oxígeno cada una de sus arterias y su circulación se ve favorecida, y le crece el corazón.
     El equilibrio del momento se ve roto por una mano que comienza a recorrer el largo de su brazo, tocando en cada poro de su piel las notas de su canción favorita que siempre consigue erizarla. Y al llegar a su hombro, la melodía queda en pause y cree que su último latido ha sido más fuerte y en todos los lugares de su cuerpo.
     Y el volcán, a punto para la erupción, de su interior le provoca un seísmo desde la punta de los pies hasta la raíz del cabello, tirando todas las estructuras emocionales que no resistirán la explosión. Necesita de ayuda humanitaria para reponerse al desastre natural que se cuece en el fuego de sus entrañas.
     Y el auxilio le llega desde las playas de sus labios, justo en pleamar.  Y las heridas curan apenas sin escocer (o no demasiado). Y una gota de mar se desliza por su mejilla derecha, pero es felicidad.
     Abre los ojos: aún no ha habido tormenta pero ya ha salido el arco iris. 


      
     
     

martes, 16 de junio de 2015

Que no hable de sandeces y que diga que no sobra el amor.

Lo miré como tantas otras veces había hecho.
Me recreé en ello buscando algo que lo salvase;
Esperanza buscaba algún recoveco sobre su piel para instalarse.
Pero entendí que así no sería.

Que su labio ya no respondía suspirando a mis suspiros,
que ya no había primavera, ni poesía.

Que ya no clavaba su pupila en mi pupila daltónica,
que yo ya no saciaba su curiosidad con un tú.

Que había enmudecido la lira,
falta de asuntos,
que ya solo desafinábamos,
y nos dañábamos los oídos.

Que si hubiese leído un poco,
sabría que de nada sirve
fingir risas que se desmienten
con los ojos.

Que Bécquer se había fugado,
con aquellas golondrinas que jamás volverían a nuestro balcón,
porque nunca estuvieron.